COMENTARIO

 Salmo 61 

La oración se introduce pidiendo a Dios que escuche (v. 2), luego se presenta la súplica (vv. 3-8), y finalmente la promesa de alabanza (v. 9). La súplica incluye primero la petición del salmista de ser conducido al Templo (v. 3); luego la motivación para que su deseo le sea concedido (v. 4), el anhelo de obtenerlo (v. 5) y la seguridad de que se realizará (v. 6); después se pide por el rey (vv. 7-8). El clamor a Dios (v. 2) y la promesa de alabar su nombre (v. 9) son el marco en que se desarrolla la oración.

Las expresiones de la oración por el rey —«de generación en generación», «por los siglos» (vv. 7-8)—, aun teniendo un carácter metafórico en el salmo (cfr Sal 45,18), apuntan a un reinado singular que el judaísmo antiguo proyectó sobre el reinado del Mesías. La fe cristiana las ve cumplidas en Jesucristo que, mediante su Ascensión a los Cielos, se sentó a la derecha de Dios Padre y su Reino no tendrá fin. Por eso, al rezar este salmo, el cristiano lo proyecta a estar con Cristo en la patria celestial.

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