COMENTARIO
El salmista es consciente de que él, por sí mismo, no puede alcanzar su deseo. Puesto que Dios es invocado con frecuencia como «roca de refugio» (Sal 31,3; 71,3; cfr también 18,3), la «roca inaccesible» puede ser Dios mismo, llamado a continuación «refugio», «torre inexpugnable» frente al enemigo que, en este caso, puede ser la muerte (vv. 3b-4). La seguridad que da Dios la encuentra el salmista en el Templo, donde el Señor está presente para protegerle; de ahí su ardiente deseo de permanecer siempre en él (v. 5; cfr Sal 17,8). La confianza de ser escuchado se apoya en experiencias anteriores y en pertenecer al pueblo elegido (v. 6). La «heredad» de los que temen el Nombre del Señor puede ser la tierra prometida en la que se desea habitar, o mejor aún, el gozar de la presencia y protección del Señor.