COMENTARIO

 Salmo 62 

La roca a la que el orante anhelaba llegar en el salmo anterior (cfr Sal 61,3) viene descrita con más precisión en este salmo: es Dios y sólo Él (Sal 62,3.7). A Dios se le sigue considerando «alcázar» y «refugio» (vv. 3.8; cfr Sal 59,10-18), y los enemigos siguen caracterizados por su hipocresía (v. 5; cfr Sal 50,16-20; 52,4; 55,22). Continúa, por tanto, la oración de los salmos anteriores.

Comienza con la proclamación del salmista de que Dios es su refugio (vv. 2-3) ante el acoso de quienes quieren derribarle (vv. 4-5). Vuelve a proclamarlo con las mismas palabras (vv. 6-7), reafirmándolo para sí y para el pueblo (vv. 8-9). Como para ratificarlo se fija en la fragilidad del hombre (vv. 10-11) y en la fuerza de Dios (vv. 12-13). La oración está enmarcada entre la confesión personal de confianza en Dios (vv. 2-3) y la motivación para ello (vv. 12-13). La parte central, en la que se recoge la confesión personal de confianza en Dios (vv. 6-9) culmina con la exhortación al pueblo a tener la misma esperanza que el salmista.

El descanso que el salmista encuentra en Dios, el cristiano que reza este salmo lo encuentra al mismo tiempo en Jesucristo, pues así lo prometió Él mismo a quienes se acercan a Él y cargan con su yugo (cfr Mt 11,28-30).

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