COMENTARIO
El primer don divino que el salmista reconoce es la misericordia y el perdón que Dios otorga en el Templo. Aunque en el original hebreo se expresa en primera persona —«sobre mí»— lo hace como miembro del pueblo. Los Setenta y otras versiones a las que seguimos cambian por «sobre nosotros». Rasgo de la misericordia divina es asimismo mostrar su presencia, su «santidad» en el Templo (v. 5).