COMENTARIO
La atención se centra ahora en la salvación del pueblo (vv. 5-12), ya aludida en la alabanza del salmo anterior (cfr Sal 65,6). También se proclama que Dios ha escuchado al salmista (vv. 16-19) dando así testimonio personal de lo que se profesaba en Sal 65,3: «Porque escuchas la plegaria». Continúa por tanto la oración de alabanza iniciada en Sal 64.
Se abre con una invitación dirigida a toda la tierra a proclamar el Nombre del Señor (vv. 1-4), y luego se cantan los motivos (vv. 5-12): hizo pasar a Israel a través de las aguas como signo de su poder sobre las naciones (vv. 5-7), y lo libró de los desastres de una derrota que había sufrido como prueba (vv. 8-12). Después viene la acción de gracias personal del salmista (vv. 13-20): promete cumplir sus votos (vv. 13-15) y da testimonio de que Dios le ha escuchado (vv. 16-20).
La invitación a la alabanza a Dios, que impregna todos estos salmos, es secundada por el cristiano al tener presente no sólo lo que Dios hizo por el antiguo pueblo de Israel, sino lo que ha hecho por su nuevo pueblo, la Iglesia. También a ésta la mantiene en pie a pesar de las pruebas que ha sufrido a lo largo de la historia. Cualquier cristiano, al recitar este salmo, puede sentirse elegido por Dios en Cristo para ser «alabanza de su gloria» (Ef 1,12.14).