COMENTARIO

 Sal 67,7-8 

Se reconoce que la fecundidad de la tierra prometida es efecto de la bendición divina, y se resume el contenido del salmo que ya se había expresado en el v. 2. Destaca la perspectiva universalista.

La alabanza de todos los pueblos a Dios se realiza en la Iglesia, cumpliéndose así lo anhelado en el salmo: «¡Oh bienaventurada Iglesia! En un tiempo oíste, en otro viste. Oíste en tiempo de las promesas, viste en el tiempo de su realización; oíste en el tiempo de las profecías, viste en el tiempo del Evangelio. En efecto, todo lo que ahora se cumple había sido antes profetizado. Levanta, pues, tus ojos y esparce tu mirada por todo el mundo; contempla la heredad del Señor difundida ya hasta los confines del orbe» (S. Agustín, Enarrationes in Psalmos 47,7).

La liturgia de la Iglesia emplea este salmo en la solemnidad de Santa María Madre de Dios, para expresar que a través de la Santísima Virgen hemos recibido la mayor de las bendiciones, Jesucristo, y que, con su intercesión maternal, continúa dándonos su bendición.

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