COMENTARIO

 Sal 68,5-7 

Se invita a alabar al Dios del Sinaí y a rendirle homenaje —«aplanad el camino» (v. 5)—. El que «cabalga sobre las nubes» —título con resonancias cananeas que se aplica a veces al Dios de Israel (cfr Dt 33,26; Is 19,1; Sal 18,11; etc.)—, es el mismo Dios que reveló su nombre a Moisés y que está presente en el Templo protegiendo al débil —«padre de los huérfanos», «defensor de las viudas», etc.—, (v. 6). «La invocación de Dios como “Padre” es conocida en muchas religiones. La divinidad es con frecuencia considerada como “padre de los dioses y de los hombres”. En Israel, Dios es llamado Padre en cuanto Creador del mundo (cfr Dt 32,6; Ml 2,10). Pues aún más, es Padre en razón de la Alianza y del don de la Ley a Israel, su “primogénito” (Ex 4,22). Es llamado también Padre del rey de Israel (cfr 2 S 7,14). Es muy especialmente “el Padre de los pobres”, del huérfano y de la viuda, que están bajo su protección amorosa (cfr Sal 68,6)» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 238).

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