COMENTARIO

 Salmo 69 

La conexión de este salmo con el anterior puede estar en que se concreta para la situación del individuo lo que en Sal 68 se proclamaba para el pueblo (cfr Sal 68,20-21). De nuevo la oración se orienta a la vida personal del hombre, integrado en una comunidad de salvación (Sal 69,36; Sal 60-61) en la que también se dan sufrimientos y tensiones.

Comienza la súplica con un grito a Dios pidiendo salvación en una situación límite (v. 2), causada por algo humillante, quizá una enfermedad, y por el odio de los enemigos (vv. 3-5). A continuación el orante confiesa a Dios su culpa y, al mismo tiempo, su celo por Él, motivo de burla para los que le rodean (vv. 6-13), y eleva sus plegarias pidiendo auxilio (vv. 14-19). Luego manifiesta su dolor por las afrentas que recibe (vv. 20-22), y pide a Dios que sus enemigos reciban el castigo merecido (vv. 23-29) y él la salvación (v. 30). Después promete alabanzas al Señor (vv. 31-32) y exhorta a los humildes y al universo entero a la alabanza (vv. 33-35). Concluye con el anuncio de la reconstrucción de Jerusalén y Judá (vv. 36-37).

Nuestro Señor Jesucristo soportó de forma eminente los sufrimientos expresados en este salmo. Por eso, después de Sal 22, es el más citado en el Nuevo Testamento para mostrar que se ha cumplido en Jesucristo, y para exhortar a encontrar en su texto, como en toda la Escritura, el consuelo que ayuda a mantener viva la esperanza (cfr Rm 15,4).

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