COMENTARIO
Se condensa la misma súplica contenida en el salmo anterior, si bien ahora destacando la urgencia. Los enemigos del salmista no sólo le persiguen y le hacen sufrir (cfr Sal 69,22.27), sino que quieren matarle, buscan su vida (Sal 70,3); mientras que los justos —los que buscan a Dios— no sólo son invitados a tener esperanza (cfr Sal 69,4) sino a proclamar la grandeza del Señor (Sal 70,5). La unidad temática y de vocabulario indican la unión de este salmo con el anterior y con el siguiente.
Comienza con un grito de socorro dirigido a Dios (v. 2), y continúa —cuerpo del salmo— con la expresión de lo que el salmista desea para sus enemigos (vv. 3-4), y para los que buscan a Dios (v. 5). Concluye pidiendo de nuevo urgentemente auxilio (v. 6). La súplica contenida en este salmo está incluida, en versión yahvista, en Sal 40,14-18.
El título pone esta súplica en relación con la ofrenda de flor de harina o «memoria» (cfr Lv 2,1-2). Quizá fuese usado con tal motivo en la liturgia israelita. En la Iglesia es un salmo propio del tiempo de Adviento por entender que el Señor, cuya venida se anhela, es Jesucristo.