COMENTARIO

 Salmo 71 

La oración de este salmo, transmitido sin título, queda unida a la del anterior (cfr Sal 70,2; 71,12), si bien ahora se eleva desde la situación concreta de un hombre anciano y sin fuerzas (Sal 71,1.13.18). Si en Sal 69 se acentuaba la confianza en Dios y en Sal 70 la urgencia en la petición, en Sal 71 sobresale la confesión de esperanza a pesar de la vejez del salmista.

Se inicia con la petición del auxilio de Dios en quien se ha puesto la confianza (vv. 1-4), y, tras apelar a que Él ha sido protector del salmista desde la niñez (vv. 5-8), éste suplica a Dios que no le abandone en la vejez ante los que atentan contra él (vv. 9-13), y confiesa su esperanza (v. 14). A continuación hace votos de dar testimonio (vv. 15-18), y proclama la justicia divina que ha experimentado a lo largo de su vida (vv. 19-21). Termina con la promesa de una alabanza cultual (vv. 22-24). La correspondencia entre la petición de no ser avergonzado (v. 1) y el haber quedado avergonzados sus enemigos (v. 24) tras haberlo pedido así (v. 13) da unidad a esta composición, en la que se encuentran, como en una antología, expresiones de otros salmos (para vv. 1-3, cfr Sal 31,2-4; para v. 12, cfr Sal 22,20; para v. 13, cfr Sal 35,4; 40,15).

Para el lector cristiano, Jesucristo es la salvación que se pide en este salmo. Dios se la mostró al anciano Simeón que, en su vejez, vio culminada su vida —«aumentado su honor» (v. 21)— al contemplar al Niño Jesús en el Templo (cfr Lc 2,25-35). También Dios mostró su salvación a Juan Bautista cuando estaba en el seno de su madre, Santa Isabel (cfr Lc 1,44). De esta forma el salmo se cumple en Jesús, cuyo nombre significa precisamente «el Señor salva».

Volver a Salmo 71