COMENTARIO
Todos los pueblos han de servir a ese rey agraciado con la justicia de Dios, desde el extremo occidente —«Tarsis y las islas»— hasta la Arabia suroccidental —«Sebá y Sabá»— (cfr 1 R 10,13.22).
La tradición cristiana entendió estos versículos como profecía acerca de Jesús. «También David anunciaba este día en los salmos cuando decía: Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor; bendecirán tu nombre; y también: El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia. Esto se ha realizado, lo sabemos, en el hecho de que tres magos, llamados de su lejano país, fueron conducidos por una estrella para conocer y adorar al Rey del cielo y de la tierra. La docilidad de los magos a esta estrella nos indica el modo de nuestra obediencia, para que, en la medida de nuestras posibilidades, seamos servidores de esa gracia que llama a todos los hombres a Cristo» (S. León Magno, In Nativitate Domini 3).