COMENTARIO

 Sal 75,2 

La acción de gracias tiene al mismo tiempo carácter de alabanza por las acciones salvadoras que Dios ha realizado en el pasado, y en las que se ha manifestado como Dios salvador de su pueblo —«tu Nombre»—. A esas acciones divinas apela la comunidad reunida para el culto al Señor. El cristiano hace suya esta expresión de acción de gracias contando las maravillas que Dios ha obrado por medio de Jesucristo: «Esto fue lo que hizo el Señor, éste el don que nos otorgó: siendo grande, se humilló; humillado, quiso morir; habiendo muerto, resucitó y fue exaltado para que nosotros no quedáramos abandonados en el abismo, sino que fuéramos exaltados con Él en la resurrección de los muertos, los que, ya desde ahora, hemos resucitado por la fe y por la confesión de su nombre. Nos dio y nos indicó, pues, la senda de la humildad. Si la seguimos, confesaremos al Señor y, con toda razón, le daremos gracias, diciendo: Te damos gracias, oh Dios, te damos gracias, invocando tu nombre» (S. Agustín, Sermones 23A,4).

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