COMENTARIO

 Sal 75,10 

La confesión del salmista —o quizá del presidente de la asamblea litúrgica— que hace votos de alabanza al Dios que ha elegido y salvado en otro tiempo a Israel —«el Dios de Jacob»—, es señal de que se cree y se acepta la palabra del Señor contenida en el oráculo anterior. El anuncio del juicio divino lleva al justo a la alabanza, no al temor.

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