COMENTARIO
En el salmo anterior Dios se ha presentado como el único juez de toda la tierra (cfr Sal 75,3.7-8); ahora se le reconoce como tal por la victoria otorgada a su pueblo (Sal 76,8; cfr Sal 75,4-7). Significa que cuando Él se alza para juzgar (Sal 76,10; 75,3; 74,10), su sentencia dada en el Cielo se cumple en la tierra para salvación de los humildes (Sal 76,10; 75,11; 74,21). El reconocimiento del juicio divino lleva nuevamente a la alabanza.
La composición comienza proclamando la presencia de Dios en su Templo, donde manifestó su poder (vv. 2-4); después, dirigiéndose a Dios, le confiesa vencedor sobre los ejércitos (vv. 5-7) y juez universal (v. 8) que ejerce su juicio desde el cielo para salvar a los pobres de la tierra (vv. 9-11). Concluye invitando a hacerle votos y ofrendas (vv. 12-13).
El tiempo de la «ira de Dios» (v. 8), o de la manifestación de su poder, ha culminado con la venida de nuestro Señor Jesucristo (cfr Lc 17,20-24), pero se manifestará plenamente al final de la historia con la vuelta del Señor. San Pablo exhorta a mantenerse irreprensibles en aquel día (cfr 1 Co 1,8-9), y en el libro del Apocalipsis se vislumbra el temor que recaerá entonces sobre los habitantes de la tierra (cfr Ap 6,15-17).