COMENTARIO
La aflicción lleva a profundizar en la búsqueda de la voluntad divina (vv. 6-7), sin que ahora se encuentre respuesta (vv. 8-11). La unión del sufrimiento personal con la suerte del pueblo indica que es ésta la que preocupa en primer lugar al salmista y le causa la mayor tribulación. En lugar de: «Éste es mi tormento» (v. 11), se puede leer cambiando ligeramente el término hebreo, como hacen los Setenta y la Vulgata: «Ahora comienzo». En este caso el sentido del v. 11 puede expresar la reacción del salmista que, a pesar de sus interrogaciones anteriores, pone de nuevo su confianza en el Señor. A ello queda invitado el lector del salmo: «Nunc coepi —¡Ahora comienzo!: es el grito del alma enamorada que, en cada instante, tanto si ha sido fiel, como si le ha faltado generosidad, renueva su deseo de servir —¡de amar!— con lealtad enteriza a nuestro Dios» (S. Josemaría Escrivá, Surco, n. 161). «Di despacio, con ánimo sincero: nunc coepi —Ahora comienzo. No te desanimes si, desgraciadamente, no ves en ti la mudanza, efecto de la diestra del Señor…: desde la bajeza tuya, puedes gritar: ¡ayúdame, Jesús mío, porque quiero cumplir tu Voluntad…, tu amabilísima Voluntad» (Id., Forja, n. 398).