COMENTARIO

 Sal 79,5-9 

Se reconoce que los males se deben a la ira divina por los pecados cometidos, tanto por ellos como por sus antepasados (vv. 5.8); pero se aduce que mayor pecado cometen los gentiles que no reconocen a Dios y han devastado a su pueblo (v. 6). Se pide, por tanto, que Dios cambie la dirección de su ira. El perdón se solicita en virtud del límite al que ha llegado la situación (v. 8), y a la fidelidad de Dios a su amor manifestado en la Alianza, en su «Nombre» (v. 9). «En la historia de la salvación, Dios no se ha contentado con librar a Israel de “la casa de servidumbre” (Dt 5,6) haciéndole salir de Egipto. Él lo salva además de su pecado. Puesto que el pecado es siempre una ofensa hecha a Dios (cfr Sal 51,6), sólo Él es quien puede absolverlo (cfr Sal 51,12). Por eso es por lo que Israel tomando cada vez más conciencia de la universalidad del pecado, ya no podrá buscar la salvación más que en la invocación del nombre de Dios Redentor (cfr Sal 79,9)» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 431).

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