COMENTARIO

 Sal 80,4 

«Conviértenos» significa aquí pedir a Dios que restaure al pueblo en la situación anterior, aunque puede entenderse —así lo hace el Targum, o traducción aramea de la Biblia— en el sentido de hacer volver a su tierra los obligados a huir de ella. «Brillar el rostro» es manifestar el poder mediante acciones salvíficas (cfr Sal 31,17). El reconocimiento de que Dios lleva la iniciativa en todas esas acciones es proclamado por la Iglesia también a propósito de la justificación del hombre pecador: «Cuando en las Sagradas Letras se dice: Convertíos a mí y yo me convertiré a vosotros (Za 1,3), somos advertidos de nuestra libertad; cuando respondemos: Conviértenos, Señor, a ti, y nos convertiremos (Jr 5,21), confesamos que somos precedidos por la gracia de Dios» (Conc. de Trento, De iustificatione).

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