COMENTARIO

 Sal 82,8 

Del reconocimiento de Dios como juez definitivo brota esta súplica final en la que se proclama el señorío de Dios sobre el mundo. Es una petición semejante a la que hacen los cristianos en la segunda petición del Padrenuestro, esperando la venida definitiva del Reino de Dios en la Parusía de Cristo: «Ven, Señor Jesús» (Ap 22,20). «Incluso aunque esta oración no nos hubiera mandado pedir el advenimiento del Reino, habríamos tenido que expresar esta petición, dirigiéndonos con premura a la meta de nuestras esperanzas. Las almas de los mártires, bajo el altar, invocan al Señor con grandes gritos: “¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia por nuestra sangre a los habitantes de la tierra?” (Ap 6,10). En efecto, los mártires deben alcanzar la justicia al fin de los tiempos. Señor, ¡apresura, pues, la venida de tu Reino!» (Tertuliano, De oratione 5; cfr Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2817).

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