COMENTARIO
Las comparaciones hechas en estos versículos destacan el carácter irresistible de la acción divina y el deseo del salmista de que todos reconozcan al Señor (v. 17). Enseña que el afán de verse libre de males debe ir unido al anhelo de que Dios reine: «Ninguna cosa mueve más al hombre a orar que el deseo y la esperanza de verse libre de los trabajos que le afligen o que le amenazan. (…) Pero, aunque verdaderamente obran con espontaneidad los hombres al invocar a Dios en los peligros y desgracias (…) quiso que antes de pedir que nos libre del mal, pidiésemos que el nombre de Dios sea santificado, que se extienda su reino, y que luego pidiésemos las demás cosas» (Catecismo Romano 4,16,2-3). Es éste el afán de almas que tuvieron los santos: «No podré descansar hasta el fin del mundo, mientras haya almas que salvar» (S. Teresa de Lisieux, Novissima verba).