COMENTARIO

 Salmo 85 

El salmo anterior terminaba profesando que Dios «no niega sus bienes a los que caminan en integridad» (84,12); en éste se proclama que Él ha sido bueno con su pueblo y lo va a ser de nuevo y de inmediato. La oración que en salmo anterior se elevaba por el rey (cfr 84,9-10), ahora se hace por el pueblo en momentos de desgracia (85,5-8).

Se confiesa al comienzo la bondad de Dios con su pueblo en el pasado (vv. 2-4) y se le pide que la muestre en el presente (vv. 5-8). Dios mismo la anuncia para un futuro cercano (vv. 9-10), y el salmista proclama la seguridad de que Dios otorgará sus dones —perdón y cumplimiento de sus promesas—, y el pueblo dará frutos de buenas obras (vv. 11-14).

La misericordia y la fidelidad de Dios cantadas en este salmo se han dado encuentro en Jesucristo. En Él se manifiesta el ofrecimiento del perdón divino (misericordia), y en Él se cumplen las promesas hechas por Dios a su pueblo (fidelidad). Por eso San Juan proclamará que el Verbo encarnado está lleno de «gracia y verdad» (Jn 1,14), que equivalen a la misericordia y fidelidad. Y Teodoreto de Ciro, aplicando estas palabras a la bendición dada a la tierra con Cristo, comenta: «Le otorga esa bendición egregia que consiste en la Encarnación de su Hijo, con la cual el Padre anula aquella otra maldición del Génesis (cfr Gn 3,17), y muestra que cualquier tristeza ha llegado a su fin, que toda la creación queda renovada» (Interpretatio in Psalmos, 84).

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