COMENTARIO

 Sal 86,1-4 

El salmista acude al Señor presentándose como un «pobre» que ha puesto su confianza en Él, y como un «siervo» dedicado a su servicio (cfr Is 42,1). De ahí la constante apelación a Dios como «Señor» o «Señor mío» —Adonay— (vv. 3.4.5.8.9.12.15), en el sentido de «mi Dueño», «mi Amo».

Volver a Sal 86,1-4