COMENTARIO
En correspondencia a Sal 84 que ensalza el Templo, éste exalta a Jerusalén. Es un canto a Sión como los de Sal 46; 48; 67, pero en éste se acentúa el privilegio de «nacer en ella» (Sal 87,5-6). El salmo queda abierto a diversas interpretaciones.
El término «Pausa» —selah— marca el ritmo de este salmo, que comienza con la alabanza a Jerusalén (vv. 1-3), continúa con el reconocimiento de su singularidad como madre (vv. 4-6), y concluye iniciando una canción en su honor (v. 7).
Si este salmo se interpreta en el sentido de que todas las naciones llegarán a formar parte del pueblo de Dios, fácilmente se ve su cumplimiento realizado en la Iglesia que congrega en su seno hombres de todas las naciones (cfr Hch 2,5). La imagen de Jerusalén como madre aplicada a la Iglesia la encontramos claramente recogida por San Pablo en Ga 4,26 donde llama a la Jerusalén celestial «nuestra madre».