COMENTARIO
La instrucción del salmo anterior sobre la vida humana parece continuarse en éste con la admiración ante lo que sucederá a quien se refugia en el Señor: verá sus proezas (cfr Sal 90,16; 91,8) y tendrá éxito (cfr Sal 90,17; 91,7.13).
Tras la proclamación del Señor como refugio (vv. 1-2), se describen las situaciones en las que Él libra: en la enfermedad, aunque sea una peste (vv. 3-7); en la persecución de los enemigos, de bestias amenazadoras y en cualquier desgracia (vv. 8-13). Concluye con un oráculo del Señor que lo ratifica (vv. 14-16). La exhortación que subyace a la primera parte del salmo (vv. 1-13) parece provenir de un sacerdote o levita en el Templo, que confirma sus palabras con un oráculo divino (vv. 14-16).
El lector cristiano ve dirigido este salmo especialmente a Jesucristo. En su resurrección se ha manifestado en plenitud el auxilio divino prometido en esta composición. A la luz de tal hecho sus palabras cobran nueva fuerza.