COMENTARIO

 Salmo 92 

Como el salmo anterior, éste también presenta la suerte del hombre que mora en el Templo (cfr Sal 91,1; 92,14); ha visto las hazañas del Señor (Sal 92,5; cfr Sal 91,15): ha recibido fuerza frente a los adversarios (Sal 92,11-12; cfr Sal 91,8) y, aún en la vejez, podrá anunciar la salvación de Dios (Sal 91,16; 92,15-16).

La oración se introduce manifestando al Señor el gozo de darle gracias y alabarle (vv. 2-4), porque sus obras son magníficas (vv. 5-6). Después se señala que los necios no las comprenden y que los impíos perecerán (vv. 7-10), mientras que el salmista prevalecerá sobre ellos (vv. 11-12). Concluye exponiendo la suerte del justo que en la vejez alabará al Señor (vv. 13-16).

Al rezar este salmo, el cristiano es invitado a dar gracias a Dios por la grandeza y profundidad de sus designios que ha manifestado en Jesucristo (v. 6; cfr Rm 11,33). En Cristo recibe el hombre la fuerza para vencer a todos sus enemigos (vv. 11-12), pues «todo lo puedo en aquel que me conforta», dirá San Pablo (Flp 4,13); unido a Cristo, puede producir frutos que llevan a la vida eterna (cfr Jn 4,14). La liturgia cristiana, como originariamente la hebrea, ha cantado este salmo en la mañana del sábado especialmente por lo que se indica en los vv. 2-4. Con estas palabras la Iglesia, que tiene como misión proclamar en la tierra la gloria del Señor, celebra las grandes obras de Dios: la creación, la redención y la santificación.

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