COMENTARIO

 Salmo 95 

El reconocimiento del Señor como Rey del universo en Sal 93, y como «nuestro Dios» en Sal 94,23, desemboca en Sal 95 en la invitación a la alabanza por ese doble motivo. La voz del Señor se oye en su pueblo con más fuerza que la voz de las aguas (cfr Sal 93,3-4).

Se hace primero una invitación a la alabanza (vv. 1-2) porque el Señor es Dios de cielo y tierra (vv. 3-5); después viene una nueva invitación a adorarle porque es el Dios de su pueblo (vv. 6-7) y no admite apartarse de Él (vv. 7d-11).

El cristiano reza este salmo sabiéndose miembro del nuevo pueblo de Dios. Junto a la grandeza de Dios Creador, reconoce el señorío de Cristo sobre la Iglesia, y se dispone a escucharle siguiendo la invitación divina (cfr Mt 17,5).

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