COMENTARIO

 Salmo 96 

Este salmo lo encontramos con pocas variantes en 1 Cro 16,23-33 unido a Sal 105,1-15 y Sal 106,47-48. Allí aparecen los tres como parte de una acción de gracias cantada tras el traslado del Arca de la Alianza al Templo de Jerusalén. Sal 96 refleja también la época de la vuelta del destierro. En el libro de los Salmos forma parte del grupo que canta la realeza de Dios (Sal 93-100), y viene como a secundar la invitación con la que comenzaba el salmo anterior: «Cantemos al Señor…» (95,1). Si allí se reconocía a Dios Rey de toda la tierra, aquí se invita a la tierra entera a alabarle (96,1).

Comienza con la invitación dirigida a toda la tierra a alabar al Señor (vv. 1-3), y expone a continuación el motivo: sólo Él es el verdadero Dios (vv. 4-6). Luego invita a adorarle llevándole ofrendas (vv. 7-9) y a proclamar su reinado para que se alegre toda la creación (vv. 10-13).

Sal 96 presenta una perspectiva de salvación universal y referida a los últimos tiempos similar a la que encontramos en algunos pasajes del libro de Isaías (cfr Is 40,10; 59,19-20; 60,1; 62,11; etc.). Anuncia, por tanto, la obra redentora de Cristo. La participación de toda la creación en la alegría de la salvación final la expone San Pablo en Rm 8,21-22.

Este salmo, junto con Sal 97 y Sal 98, es proclamado por la liturgia de la Iglesia en la solemnidad de la Natividad del Señor, invitando así a alabar al Señor con alegría por la salvación que ha llegado ya.

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