COMENTARIO
El comienzo y el final de este salmo son casi idénticos a los de Sal 96, si bien ahora la invitación inicial se dirige implícitamente a Israel (Sal 98,1). La alegría a la que se invitaba en el salmo anterior (cfr Sal 97,1) se manifiesta en éste al son de instrumentos musicales (Sal 98,4-6). Como en los dos salmos anteriores también aquí se encuentran frases de otros salmos y de la segunda parte del libro de Isaías.
El salmo se inicia con la invitación a cantar al Señor por sus grandes acciones en favor de Israel (vv. 1-3); continúa con la llamada a toda la tierra a hacerlo con solemnidad (vv. 4-6), y termina convocando a la naturaleza a unirse a la alabanza porque el Señor viene a regir la tierra (vv. 7-9).
Las grandes acciones que el Señor realiza en favor de su pueblo, acordándose de su misericordia y fidelidad (v. 3; cfr Is 41,8-9), constituyen el motivo de alabanza de este salmo. También en el canto de alabanza pronunciado por la Santísima Virgen, el Magnificat, serán proclamadas las grandes acciones divinas que han culminado en el envío del Mesías, el Hijo de Dios, revelando así su justicia a los ojos de todas las gentes (cfr Lc 1,46-55). La liturgia de la Iglesia emplea este salmo en la solemnidad de la Inmaculada Concepción de Santa María Virgen, la «obra maestra» de Dios.