COMENTARIO
Este salmo enlaza con Sal 93 por comenzar con la misma expresión: «El Señor reina», y proclamar la santidad de Dios (cfr Sal 93,5). Ambos son como la apertura y cierre de este grupo de siete salmos que cantan la realeza del Señor (Sal 93-99). En Sal 99 se expone con más detalle lo que se proclamaba en Sal 98: que Dios ha mostrado su salvación en Israel (cfr Sal 98,2-3; 99,4.6-8). Pero en este salmo faltan la invitación a todos los pueblos y la alusión a la venida del Señor, rasgos que hemos visto en los anteriores y que están presentes asimismo en la segunda parte del libro de Isaías. Por eso se considera que se trata de un salmo anterior al destierro.
El término «santo» aplicado a Dios marca el ritmo del salmo. Se proclama primero la majestad del Señor (vv. 1-3); luego se expone la forma en la que ejerce como Rey (vv. 4-5); y, finalmente, cómo respondió a Moisés, a Aarón y a Samuel (vv. 6-9). Siete veces se nombra al «Señor» a lo largo del cántico, expresando así la plenitud de su reinado.
Jesucristo lleva a su culminación el reconocimiento y la proclamación de la santidad de Dios, objeto de este salmo, y se dirige a Dios llamándole «Padre Santo» cuando ora por sus discípulos (Jn 17,11).