COMENTARIO
El salmo proclama que sólo Dios, que es eterno, exaltará a Jerusalén (Sal 102,13-14.22) y escuchará las súplicas de los necesitados (cfr Sal 102,18.21). Es como si se quisiese mostrar, tras haber oído las promesas del rey, la precariedad de su gobierno debida a la brevedad de su vida; en contraste se presenta la eternidad de Dios y su misericordia hacia Jerusalén.
Comienza pidiendo auxilio al Señor (vv. 2-3), y seguidamente expone su desgracia: se acaban sus días debido a su pecado (vv. 4-12). Después proclama la eternidad del Señor y su misericordia hacia Sión (vv. 13-18), y manifiesta su esperanza de que Él salvará y exaltará a su pueblo (vv. 19-23). Finalmente vuelve a presentar a Dios la brevedad de su vida comparada con la eternidad divina (vv. 24-28). Concluye con una breve petición por el futuro del pueblo (v. 29). Los vv. 13-23, en los que la atención se dirige a Jerusalén y al pueblo elegido, parecen insertados en lo que pudiera haber sido una composición anterior centrada en la brevedad de los días del salmista (vv. 4.12.24).
La eternidad de Dios contemplada en este salmo, y a la que apela el orante viendo en ella su salvación y la del pueblo, es realmente participada por Jesucristo, el Hijo de Dios. Cristo es el Hijo eterno de Dios rescatado de la muerte e inicio del nuevo pueblo creado para la alabanza del Señor (v. 19; cfr Ef 1,3-14).
La Iglesia tiene a este salmo como el quinto de los penitenciales (cfr Sal 6) y con él implora el perdón de Dios sobre ella misma (cfr v. 14).