COMENTARIO

 Sal 102,13-18 

En contraste con la brevedad de la vida humana y el desprecio de parte de los adversarios, están la eternidad de Dios y la esperanza segura de la pronta reconstrucción de Jerusalén, tal como se contemplaría al final del destierro o en el tiempo de la vuelta (vv. 13-15; cfr Is 40,5; 52,10; 59,19; etc.). Ello llevará el reconocimiento universal de las acciones de Dios con su pueblo (vv. 16-18; cfr Is 2; 60; Za 14,16-19). «En el transcurso de los siglos, la fe de Israel pudo desarrollar y profundizar las riquezas contenidas en la revelación del Nombre divino. Dios es único; fuera de Él no hay dioses (cfr Is 44,6). Dios transciende el mundo y la historia. Él es quien ha hecho el cielo y la tierra: “Ellos perecen, mas Tú quedas, todos ellos como la ropa se desgastan…pero Tú siempre el mismo, no tienen fin tus años” (Sal 102,27-28). En Él “no hay cambios ni sombras de rotaciones” (St 1,17). Él es “El que es”, desde siempre y para siempre y por eso permanece siempre fiel a sí mismo y a sus promesas» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 212).

Volver a Sal 102,13-18