COMENTARIO

 Salmo 103 

Tras la lamentación y súplica presentadas a punto de morir en el salmo anterior (cfr Sal 102,12.25), viene ahora el reconocimiento, la acción de gracias, porque el Señor ha devuelto la salud y librado de la muerte (Sal 103,3-4). Así va avanzando la oración. La manifestación de los sentimientos más íntimos del salmista y el amor de Dios a su pueblo volvemos a encontrarlos en Sal 108, que vendría a ser el correlativo al 103 en la colección formada por Sal 101-110.

La oración se inicia con la autoinvitación del salmista a bendecir al Señor (vv. 1-2), continúa exponiendo los motivos para hacerlo —cuerpo del salmo (vv. 3-19)—, y termina invitando a la bendición a los ángeles, a toda la creación y de nuevo a sí mismo (vv. 20-23). Los motivos de la bendición son: primero, lo que Dios ha hecho con el salmista (vv. 3-5); después, que ha manifestado su justicia (v. 6), perdonando a su pueblo (vv. 7-12), actuando como un padre con sus fieles (vv. 13-18) y reinando desde el cielo (v. 19). Todo el salmo está incluido en la autoinvitación del salmista (vv. 1.23), y va ampliando progresivamente el horizonte: el salmista (vv. 1-5), los israelitas (vv. 7-12), todo hombre que teme a Dios (vv. 13-18), los ángeles y la creación entera (vv. 20-22). El número de versículos, que coincide con el de las letras del alfabeto hebreo —veintidós, sin la repetición final—, refleja un arte refinado en la composición.

La bendición a Dios expresada en este salmo, una de las piezas más bellas y de espiritualidad más profunda dentro del Antiguo Testamento, es asumida, adquiriendo nuevas dimensiones, en la bendición del comienzo de la Carta a los Efesios. Ahí, en efecto, se alaba a Dios por colmarnos de toda clase de bendiciones en Cristo (Ef 1,2: Sal 103,3-5), porque nos ha redimido mediante su sangre de todos nuestros delitos (Ef 1,7; Sal 103,10), y porque no sólo nos ha tratado como hijos (Sal 103,13), sino que incluso nos ha hecho sus hijos de adopción (Ef 1,5). La Iglesia proclama este salmo en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús expresando así el amor de Dios a los hombres manifestado a través de la humanidad de Cristo.

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