COMENTARIO
El salmista utiliza con gran libertad el relato de la creación del primer capítulo del Génesis. La luz (v. 2) fue lo primero que Dios creó, y viene considerada como un elemento con entidad propia (cfr Gn 1,3-5). Después se contempla el firmamento (cfr Gn 1,6) comparado en el salmo, según la cosmogonía antigua (cfr Is 40,22; Sal 19,2-7), a una enorme tienda de campaña (v. 2). La afirmación de que Dios está sobre las aguas superiores (v. 3; cfr Gn 1,7) quiere resaltar su trascendencia, aunque utilice una terminología mítica. Lo mismo sucede con el «hacer de las nubes su carroza» (cfr Dt 33,26; Is 19,1; Sal 68,5), y el servirse de los vientos y de los relámpagos —«fuegos llameantes» (v. 4)—. En la Carta a los Hebreos se cita el v. 4 —si bien en una versión, la de los Setenta, que dice: «Él hace a sus ángeles vientos y a sus ministros llama de fuego»— para contrastar la naturaleza de los ángeles con la de Cristo, el Hijo de Dios, Dios verdadero (Hb 1,7).