COMENTARIO
Recordando la promesa de la tierra hecha por Dios a Abrahán (cfr Gn 15,1-2), a Isaac (cfr Gn 26,3) y a Jacob (cfr Gn 35,12), el salmista resalta el carácter permanente de aquella palabra del Señor. Ése es el motivo de la alabanza y, al mismo tiempo, de la esperanza del pueblo.