COMENTARIO
Este salmo tiene una dimensión histórica similar a la del salmo anterior, pero si aquél presentaba las acciones de Dios en favor del pueblo desde los patriarcas hasta la entrada en la tierra, éste presenta las acciones del pueblo contra Dios en Egipto, en el desierto y ya en la tierra. En Sal 105 se proclamaba y se mostraba la fidelidad del Señor a su palabra (cfr Sal 105,8.42); en Sal 106, su misericordia (vv. 1.7.46). Así las dos características fundamentales del Dios de la Alianza quedan expuestas en la parte central del grupo de Sal 101-110.
Una amplia introducción, invitando a la acción de gracias a Dios por su eterna misericordia y recogiendo la petición personal del salmista (vv. 1-5), da paso al recuerdo de los pecados del pueblo y del perdón de Dios junto al Mar Rojo (vv. 6-12), en el desierto (vv. 13-33) y en la tierra de Canaán (vv. 34-43). Concluye con la afirmación de que Dios tuvo misericordia de los cautivos, la petición de salvación y la alabanza por parte del pueblo (vv. 44-48).
La alabanza cantada en este salmo vuelve a resonar en el canto de Zacarías, el Benedictus, que recoge algunas de sus expresiones: comienza con las palabras del v. 48 (cfr Lc 1,68) y proclama la salvación frente a los enemigos y todos los que nos odian (Lc 1,71; cfr Sal 106,10), porque Dios se acuerda de su Alianza (Sal 106,45a; cfr Lc 1,72). De esta forma el salmo 106 encuentra su cumplimiento en la venida de nuestro Señor Jesucristo preparada por el nacimiento del Bautista.