COMENTARIO

 Salmo 107 

Como sucedía en Sal 1, Sal 73 y Sal 90, con los que se iniciaban las partes I, III y IV, Sal 107 tiene un marcado tono sapiencial. Quizá por eso, además de la razón señalada antes (cfr Sal 90), se hizo comenzar aquí la parte V en la recopilación final de los salmos. Sal 107 guarda una relación clara con Sal 104 en cuanto que ambos presentan la acción providente y amorosa de Dios sobre sus criaturas: en aquél sobre los animales, en éste sobre los hombres. Ambos salmos sirven de marco inmediato a Sal 105 y Sal 106 que cantan la fidelidad y la misericordia del Señor con su pueblo. Por el lugar que ocupa Sal 107 viene además a mostrar cómo Dios ha reunido a los cautivos (cfr Sal 106,46; Sal 107,2-3) y ha socorrido a su pueblo (cfr Sal 106,44; 107,33-41). De esta forma el lector puede aprender ahora a clamar ante el Señor y a darle gracias.

Comienza con la invitación a dar gracias dirigida a aquellos que han experimentado la misericordia del Señor (vv. 1-3) y, a continuación, presenta cuatro grupos de personas que pasaron por situaciones angustiosas, clamaron al Señor y Él las libró (vv. 4-32): los perdidos en el desierto (vv. 4-9); los prisioneros tras la derrota por haber pecado (vv. 10-16); los enfermos a causa de sus culpas (vv. 17-22); y los que estuvieron a punto de zozobrar en el mar (vv. 23-32). La súplica de cada grupo (vv. 6.13.19.28) y la invitación que se les hace a dar gracias al Señor (vv. 8.15.21.31) se presentan a modo de estribillos. Después se introduce una enseñanza sobre cómo Dios cambia las situaciones para socorrer a los hambrientos (vv. 33-38) y levantar de la miseria al pobre (vv. 39-42). Concluye invitando a ser sabios y a entender (v. 43).

El cambio de las situaciones debido al querer de Dios, que se describe a lo largo de este salmo, se ha manifestado de manera eminente en la Encarnación de nuestro Señor Jesucristo, y en su anuncio del Reino de Dios (cfr Mt 4,13-17). Así lo proclama la Santísima Virgen después de la Anunciación, reconociendo que Ella, humilde sierva del Señor, ha sido agraciada con el don de ser la madre del Mesías. Dios ha actuado con Ella según la forma de proceder descrita en el v. 9: «Colmó de bienes a los hambrientos» (Lc 1,53).

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