COMENTARIO
Con la forma inicial de invocar a Dios —«Dios de mi alabanza»— se expresa ya confianza en Él (cfr v. 30) y se indica que Dios es el mismo a quien se viene alabando en los salmos anteriores (cfr Sal 108,4; etc.). El salmista aduce su inocencia (v. 4; cfr Sal 7,4-6) y expone ante Dios el contraste entre la actitud de sus acusadores y la suya propia que ha sido de amor hasta ese momento (vv. 3-5).