COMENTARIO

 Sal 109,6-15 

Quizá ha de entenderse que los acusadores son los propios familiares del orante. Aun viendo en los vv. 6-15 los deseos del salmista —es la interpretación más probable, ya que comienza a modo de oración (v. 6) y concluye nombrando al Señor (v. 15)—, tales deseos no son otra cosa que reflejo exacto de los que tienen contra él sus enemigos (vv. 7.17). Se desea que sufran tres males contados entre los peores: un juicio en el que no puedan defenderse dada la maldad del juez —«un impío»— y la saña del acusador —en hebreo «satán»— (vv. 6-7); que mueran y los suyos sufran las consecuencias del abandono (vv. 8-10), y que desaparezcan sus bienes y su descendencia (vv. 11-15). San Lucas ve cumplidas las palabras del v. 8 —«que su cargo lo ocupe otro»— en la muerte de Judas Iscariote y en la elección de San Matías (cfr Hch 1,20).

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