COMENTARIO

 Sal 112,1 

Queda resumido en frase lapidaria el principio de sabiduría que hace feliz al hombre (cfr Sal 1,1-2; 111,10). Santa Teresa de Jesús hizo de este salmo el lema de sus «terceras moradas» en las que explica cómo el hombre no debe confiar en sus fuerzas sino en la misericordia del Señor: «A los que por la misericordia de Dios han vencido estos combates, y con la perseverancia entrado a las terceras moradas ¿qué les diremos, sino bienaventurado el varón que teme al Señor? No ha sido poco hacer Su Majestad que entienda yo ahora qué quiere decir el romance de este verso a este tiempo, según soy torpe en este caso. (…) Mas una cosa os aviso: que no por ser tal y tener tal madre estéis seguras, que muy santo era David, y ya veis lo que fue Salomón; ni hagáis caso del encerramiento y penitencia en que vivís, ni os asegure el tratar siempre de Dios y ejercitaros en la oración tan continuo y estar tan retiradas de las cosas del mundo y tenerlas a vuestro parecer aborrecidas. Bueno es todo esto, mas no basta —como he dicho— para que dejemos de temer; y así continuad este verso y traedle en la memoria muchas veces: Beatus vir, qui timet Dominum» (Moradas 3,1,1.4).

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