COMENTARIO
La felicidad del que teme al Señor consistirá en ver prosperar a su descendencia (vv. 2-3) y en tener el auxilio divino en las dificultades —«tinieblas» (v. 4)—. El v. 4 no es claro y puede entenderse también en el sentido de que el justo brilla como una luz siendo clemente y misericordioso. Se aplicarían entonces al hombre, por primera y única vez en toda la Biblia, los atributos que se aplican a Dios (cfr por ej. en Ex 34,6); pero esa novedad responde a la orientación del salmo. A ese hombre, honrado en sus trabajos, solidario con los demás (v. 5) y que pone su confianza en Dios (v. 7) no le sucederá nada malo, ni aun cuando tuviera enemigos (v. 8). Además, porque hace limosnas (cfr Pr 19,17; Tb 4,7-11), será perdonado por Dios y honrado por los demás (v. 9). San Pablo, cuando organizó la colecta en favor de los cristianos de Jerusalén, exhortaba a los cristianos de las ciudades de Grecia con las palabras del v. 9 diciéndoles: «Y poderoso es Dios para colmaros de toda gracia, para que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo necesario, tengáis abundancia en toda obra buena, según está escrito: Repartió con largueza, dio a los pobres; su justicia permanece para siempre» (2 Co 9,8-9).