COMENTARIO

 Sal 113,1-3 

La relevancia del «Nombre» en estos versículos está ya indicando la atención a la misericordia divina manifestada por Dios a su pueblo. Él merece una alabanza eterna (v. 2) y universal (v. 3). «Entre todas las palabras de la Revelación hay una, singular, que es la revelación de su Nombre. Dios confía su Nombre a los que creen en Él; se revela a ellos en su misterio personal. El don del Nombre pertenece al orden de la confidencia y la intimidad. “El nombre del Señor es santo”. Por eso el hombre no puede usar mal de él. Lo debe guardar en la memoria en un silencio de adoración amorosa (cfr Za 2,17). No lo empleará en sus propias palabras sino para bendecirlo, alabarlo y glorificarlo (cfr Sal 29,2; 96,2; 113,1-2)» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2143).

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