COMENTARIO
Lo más admirable es que el Dios de Israel —«nuestro Dios»—, siendo trascendente a todo —«se sienta en las alturas» (v. 5)—, se ocupa de todos (v. 6). Ésta es la afirmación central del salmo que muestra cómo es el «Nombre», cómo es Dios: el que está en lo alto actúa para poner en lo alto —«levantar», «poner al frente»— a los que están más bajos (vv. 7-9). En estos versículos resuena el cántico de Ana cuando el Señor le concedió ser madre (cfr 1 S 2,3-8). Es también una invitación a la humildad: «Dios defiende y libra al humilde; al humilde ama y consuela; al hombre humilde se inclina, al humilde concede gracia, y después de su abatimiento lo levanta a gran honra. Al humilde descubre sus secretos y lo atrae dulcemente a Sí y lo convida. El humilde, recibida la afrenta, está en paz, porque está en Dios y no en el mundo» (Tomás de Kempis, De imitatione Christi 2,2-3).