COMENTARIO

 Sal 114,5-8 

A la pregunta dirigida enfáticamente a los elementos acerca de su actuar (vv. 5-6), la respuesta, unida a una admonición, es la presencia del Señor, Dios de Israel (v. 7). Es una presencia que continúa en el Templo y mantiene el mismo poder con el que realizó los prodigios en el desierto, para sostener a su pueblo (v. 8). El poder de Dios a favor de su pueblo es una llamada a la fe en que Dios seguirá actuando también hoy en favor de los suyos: «Dios es el de siempre. —Hombres de fe hacen falta: y se renovarán los prodigios que leemos en la Santa Escritura. —Ecce non est abbreviata manus Domini —¡El brazo de Dios, su poder, no se ha empequeñecido!» (S. Josemaría Escrivá, Camino, n. 586).

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