COMENTARIO

 Sal 116,12-14 

El salmista se siente en deuda con Dios y se propone resarcirla con un acto de culto. La «copa de la salvación» —sólo aquí aparece esta expresión— puede referirse a la libación ritual con vino y aceite (cfr Ex 29,40-41; Lv 6,14), derramada en acción de gracias por haber sido salvado de la muerte. «¿Quién te dio la copa de salvación, de suerte que, tomándola e invocando el nombre del Señor, le retribuyas por todo lo que a ti te retribuyó? Quién sino Aquel que dice: ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber? ¿Quién te otorgó imitar sus padecimientos sino Aquel que primeramente padeció por ti? Por tanto, preciosa es delante del Señor la muerte de sus santos. La compró con su sangre, que primeramente derramó por la salud de sus siervos, para que sus siervos no dudasen en derramarla por el Nombre del Señor» (S. Agustín, Enarrationes in Psalmos 115,5).

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