COMENTARIO
Conocer y cumplir la Ley es el bien que ha tocado al salmista en este mundo —su «heredad» (v. 57)—; un bien que guarda con cuidado y en el que ve la bondad del Señor (vv. 57-64). Los «lazos de los impíos» (v. 61) son entendidos por San Juan de la Cruz en sentido espiritual como lazos creados por los propios pecados: «La segunda manera de mal positivo que causan al alma los apetitos es que la atormentan y afligen a manera del que está en tormento de cordeles, abarcado a alguna parte, de lo cual hasta que se libre no descansa. Y de éstos dice David: Funes peccatorum circumplexi sunt me: Los cordeles de mis pecados, que son mis apetitos, en derredor me han apretado» (S. Juan de la Cruz, Subida al monte Carmelo 1,7,1).