COMENTARIO
Aunque los impíos le persigan, encuentra su gozo y su paz en la oración ininterrumpida —«siete veces» (v. 164)—, y en el cumplimiento de los mandatos del Señor. San Atanasio destaca la alegría (v. 162) y la oración (v. 164) del salmista como ejemplo de lo que ha de hacer el cristiano para reformar su conducta: «Así también los santos, mientras vivían en este mundo, estaban siempre alegres, como si siempre estuvieran celebrando fiesta; uno de ellos, el bienaventurado salmista, se levantaba de noche, no una sola vez, sino siete, para hacerse propicio a Dios con sus plegarias» (Epistulae heortasiae 14,1-2).