COMENTARIO
A la súplica del salmo anterior (cfr Sal 123) sigue la acción de gracias por la intervención divina (Sal 124). Así avanza la oración realizada en las subidas a Jerusalén, si bien esta oración se presenta en algunos códices, al igual que Sal 122, como de David; quizá se debe al parecido de este salmo con Sal 18 y Sal 69.
En la primera parte del salmo se expone lo que hubiese ocurrido si el Señor no hubiera sido favorable (vv. 1-5); y, en la segunda, se le bendice por la salvación otorgada (vv. 6-7). Concluye con una profesión de confianza en Dios (v. 8).
Este salmo se cumple en nuestro Señor Jesucristo. En efecto, a lo largo de su vida, mediante los milagros que realizó, manifestó que «Dios estaba con él» (Hch 10,38), como quedó patente cuando Dios lo libró de los lazos de la muerte (cfr Hch 2,24) mediante su resurrección.