COMENTARIO

 Sal 124,8 

La profesión de fe (cfr Sal 121,2) aúna las acciones de Dios en la historia a favor de Israel —al que reveló su «Nombre»— y su acción creadora. «La verdad en la creación es tan importante para toda la vida humana que Dios, en su ternura, quiso revelar a su pueblo todo lo que es saludable conocer a este respecto. Más allá del conocimiento natural que todo hombre puede tener del Creador (cfr Hch 17,24-29; Rm 1,19-20), Dios reveló progresivamente a Israel el misterio de la creación. Él que eligió a los patriarcas, el que hizo salir a Israel de Egipto y que, al escoger a Israel, lo creó y formó (cfr Is 43,1), se revela como aquel a quien pertenecen todos los pueblos de la tierra y la tierra entera, como el único Dios que “hizo el cielo y la tierra” (Sal 115,15;124,8;134,3)» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 287).

Las palabras del v. 8 son empleadas en la liturgia cristiana como antífona de comienzo de oración. Con ellas se profesa que Dios es el único que da la fuerza para mantenerse firme: «Danos, Señor, tu ayuda en la tribulación, porque el auxilio humano es ineficaz. Danos fortaleza para luchar en los combates, y míranos propicio desde Sión, de modo que, siguiendo las huellas de tu pasión, podamos beber alegres el cáliz del martirio. (…) Ayuda, pues, eficazmente a nuestra fragilidad en esta hora de la prueba. Sé nuestro auxilio poderoso contra las huestes del demonio y de nuestros enemigos. Para nuestra defensa, embraza el escudo de tu divinidad y manténnos en la resolución de seguir luchando virilmente por ti hasta la muerte» (S. Eulogio de Córdoba, Documentum martyrii 25, epilog.).

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