COMENTARIO
Se eleva la oración pidiendo que el Señor retribuya a cada uno según su manera de actuar. La exclamación final hace extensible a todo el pueblo el deseo de prosperidad y bienestar que en Sal 122,6-9 se hacía a Jerusalén.
«¿Cuál es esta Sión sino aquella misma que antes se llamaba Jerusalén? Y ella misma era aquel monte al que la Escritura se refiere cuando dice: El monte Sión donde pusiste tu morada; y el Apóstol: Os habéis acercado al monte Sión. ¿Acaso de esta forma se estará aludiendo al coro apostólico, escogido de entre el primitivo pueblo de la circuncisión? Y esta Sión y Jerusalén es la que recibió la salvación de Dios, la misma que a su vez se yergue sublime sobre el monte de Dios, es decir, sobre su Verbo unigénito: a la cual Dios manda que, una vez ascendida la sublime cumbre, anuncie la palabra de salvación» (Eusebio de Cesarea, Commentaria in Isaiam 40).