COMENTARIO
El cuidado del Señor por su pueblo, cantado en el salmo anterior (cfr Sal 125,2), se manifiesta en la vuelta de los cautivos a la tierra prometida, motivo de este salmo. El peregrino a Jerusalén revive, al encontrarse en la ciudad, la alegría de quienes volvieron del destierro. Por este motivo queda incluido entre los «cantos de las subidas».
Comienza describiendo la alegría del retorno, obra del Señor (vv. 1-3), y a continuación se le pide que haga volver a los desterrados y que éstos experimenten aquella alegría (vv. 4-6).
La admiración y la alegría expresadas en este canto continúan en el de la Virgen después de la Anunciación del ángel, cuando ella exclama: «Porque ha hecho en mí cosas grandes el Todopoderoso, cuyo nombre es Santo» (Lc 1,49). Las grandes cosas realizadas por Dios en la Encarnación y en la Resurrección de su Hijo traen a la humanidad una alegría que bien puede expresarse con las palabras de este salmo (cfr Mt 2,10; Lc 1,44; 24,41).