COMENTARIO

 Salmo 127 

Como canto de peregrinación, este salmo puede reflejar los sentimientos que surgen al entrar en el Templo, la «Casa del Señor» construida por Salomón (cfr 1 R 5,15-8,66), a quien se atribuye, quizá por tal motivo, esta pieza de sabiduría. Si en el salmo anterior se cantaba que el Señor ha obrado cosas grandes con su pueblo (cfr Sal 126,2), en éste se contemplan las que obra con sus amigos (127,2).

La primera parte (vv. 1-2) enseña la inutilidad del esfuerzo humano si Dios no presta su ayuda; la segunda (vv. 3-4), la fecundidad y el éxito en la vida con el favor del Señor. La unidad del salmo está en el doble sentido que tiene el término «casa» (v. 1) —edificio y familia—, y en la semejanza en las palabras hebreas que significan «edificar» (v. 1) e «hijos» (v. 3).

La exhortación a poner la confianza en Dios que impregna todo este salmo es recogida por Jesucristo cuando enseña el abandono en la Providencia divina, invitando a observar cómo Dios viste a la hierba del campo (cfr Mt 6,25-34). También se sirve de la imagen del grano que, mientras el hombre duerme, brota y crece sin que él sepa cómo, para explicar el desarrollo del Reino de Dios (cfr Mc 4,26-29).

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